ROBO Y LO PESCARON

Si alguien te dijo que tener unos piercings carísimos, tatuajes "locos", el pelo teñido de violeta es haberse graduado de punk, deberías haber estado aquella noche en Autopista Center. Fue en el invierno del 97, cuando The Offspring tocó con Flema y el ying y el yang del punk se cruzaron. Rubio, lampiño y super-empilchado, Dexter Holland (The Offspring) ofrecía su descafeinada (y millonaria) visión de la rebeldía en tanto Ricky Espinosa (líder de Flema) gritaba su declaración de principios: "Si yo soy así no es por culpa de las drogas". Dos meses más tarde devino estrella en la hora de las amas de casa, cuando le dijo "Usted tiene suerte de tener un hijo que estudia, trabaja y no se droga" a una madre que fue al programa Forum a denunciar que lo único que escuchaba su primogénito era el disco Si el placer es un pecado, bienvenidos al infierno. Filoso y nihilista, Ricky es un veterano de la escena punk argentina y quizá el último de su especie. "A mi me gusta como queda cuando escriben que soy un punk rocker. ¡Es como tener un título!". Sin haber llegado a la masividad vía hit radial como Attaque 77 y 2 Minutos, pero con sus mismos 13 años de trayectoria, Flema es Ricky Espinosa (y viceversa), que también llegó a firmar un disco con su nombre (Vida Espinosa) y que, el domingo, apareció en Cemento al frente de Flemita o su forma de hacer versiones de bandas del under punk como Embajada Boliviana. "¿La verdad?. Estoy angustiado" confiesa Ricky en la víspera del juicio oral donde se lo acusará de haber intentado asaltar a un taxista, en un confuso episodio ocurrido en diciembre del año pasado. "Como distribuyo mis discos de manera independiente, me tomé un taxi para enlazar dos locales. Como pasábamos por SADAIC, le dije al tachero que me banque, que iba a averiguar una fecha de pago. Camino unos metros y siento un terible golpe en la nuca y un cana que me apunta y me dice: ¿Dónde está el fierro? Sólo le pude contestar que seré adicto y todo lo que quieran, pero no ladrón", cuenta sorbiendo un vaso de jugo de naranja. Y sigue su monólogo: "Cuando digo que hago las cosas por amor al arte, que no me interesa el dinero, nadie me cree. Y ahora, tampoco me creen que soy inocente". Mientras tanto, Flema sigue: acaba de editar Caretofobia (otro título brillante, y van...), crudo y escatológico como siempre, incluyendo un notable ejercicio de scratch y guitarras. "El año pasado se me ocurrió dejar en la puerta de Cemento un cuaderno para que la gente diera su opinión. Y un pibe puso que gracias a saber que yo estaba en plan de rehabilitación, él se había puesto las pilas y había largado el alcohol y las drogas. ¡Y me puse a llorar como un nene! Con tanto daño que hacen los gobiernos, que yo haya ayudado a salvar a uno le dio un poco más de sentido a mi vida" remata con un fondo de ojos vidriosos. NO PIERDE EL JUICIO Cualquier día de estos le llegará a Ricky Espinosa la citación a un juicio oral por un taxista que lo acusa de haber querido asaltarlo en diciembre de 1999, que con la carátula de "Robo en grado tentativo" se realizará en un tribunal oral en lo Criminal. De todos modos, Ricky no está tan inquieto: aunque lo encuentre culpable, el delito es excarcelable y en todo caso hasta especula con que pueda purgar la condena por el sistema de la "probation" y shows a beneficio. Mientras reclama inocencia el punk de Gerli lanza incluso argumentos humanitarios y causales de su propia salud, la que él mismo dice no cuidar mucho: "Así lo único que hacen es agrandarme la úlcera."

Suplemento Si, Viernes 10 de Noviembre del 2000
José Bellas



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